El cuerpo anhela una experiencia espiritual y el espíritu busca una experiencia corporal.

FRANCISCO PEÑARRUBIA

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Los talleres intensivos de escritura terapéutica son talleres impartidos a lo largo de 48 horas, generalmente durante el fin de semana, en sesiones distribuidas entre el viernes por la tarde y el domingo a mediodía, con el objetivo de trabajar un aspecto terapéutico concreto.

Los requisitos para la participación de cualquier taller es realizar la inscripción previa y el compromiso de asistir a las sesiones con ropa cómoda para el trabajo y materiales para la escritura (cuaderno y bolígrafo).

Ningún taller requiere de experiencia previa ni tampoco de un especial manejo de la escritura, pues el uso de esta herramienta es de carácter personal e íntimo que nos sirve como registro de nuestro trabajo para su posterior análisis e integración. Es decir: no es importante “escribir bien” ni lo que se escriba durante el taller será mostrado a ninguna persona. El respeto a la intimidad y el espacio propio de cada tallerista serán actitudes esenciales a las dinámicas de las sesiones.

Introducción a la escritura terapéutica

¿Por qué un taller de escritura terapéutica?
¿De qué manera puede ayudarme esta herramienta?
¿Por qué es la escritura un método sanador que puede favorecer y aumentar mi calidad de vida?

Este taller intensivo de carácter introductorio tiene como objetivo responder a las expectativas de aquellas personas que deseen acercarse a la escritura como herramienta terapéutica pero aún se pregunten de qué manera pueden hacerlo y cómo implementar el uso de la escritura para abordar problemas y crisis puntuales o bien incorporarlo como herramienta de autocuidado en su día a día.

Son muchas y muy variadas las maneras en las que la escritura puede ponerse a nuestro servicio, ya sea acompañada por un terapeuta, un grupo terapéutico o de manera autónoma e individual. Este taller pretende ser ese acercamiento a la escritura como soporte terapéutico de indagación personal, toma de conciencia y apoyo en la toma de decisiones y su ejecución, bien sea para analizar situaciones, revelar los propios pensamientos, sensaciones y emociones, como espacio ensayístico de comunicación con los demás o para llevar a cabo un plan de acción con diferentes objetivos: mejorar el estado de ánimo, cumplir metas, elaborar un proceso de duelo…

Cada uno de nosotros posee un carácter, una personalidad adquirida y desarrollada en los primeros años de nuestra vida que nos permite sobrevivir en el medio, obtener la mirada y el amor de los que nos rodean y defendernos de las amenazas a las que nos vemos expuestos. Con el paso del tiempo, esta coraza caracterial, tan útil para nuestra socialización, presenta patrones automáticos que pueden no resultarnos tan útiles en nuestra vida adulta, que pueden entorpecerla e incluso causarnos sufrimiento. Cuando tomamos conciencia de todo esto, se inicia una batalla con el ego que a menudo nos enfrenta con una parte de nosotros que rechazamos, que creemos tener que vencer o eliminar, en lugar de conocerla en profundidad, entenderla y sentirnos agradecidos por habernos ayudado a sobrevivir. Solo al observarla de cerca, comprobar sus automatismos e integrarla como parte de nosotros es que podremos liberarnos, ser completos y reconocernos como humano. Ese es el objetivo de este taller.

Llegamos a ser nosotros mismos a través de los demás.

LEV S. VYGOTSKY

En la relación con nosotros mismos, el otro es un espejo que nos ayuda a darnos cuenta de cómo somos, cómo nos comportamos con nosotros mismos y los demás. Al mismo tiempo, la relación con el otro nos sirve para darnos cuenta de cómo nos tratamos, nos hablamos, nos comportamos… La relación con el otro es un trato de ida y vuelta, y, cualquiera que sea nuestra perspectiva, nos ayudará a conocernos y relacionarnos mejor en estos tiempos en los que hablar de responsabilidad afectiva está tan presente.

En unos tiempos en los que atendemos mucho a nuestro cuerpo en su apariencia, en cómo nos ven los demás y en el que hacemos uso de él para ser más fuertes, lograr metas o vernos más atractivos, se hace necesario atender a este espacio que ocupamos y habitamos, a la carne que nos hace estar vivos en este momento parándonos a escucharlo, a atender las señales inequívocas que nos lanza desde nuestro cerebro límbico y a quererlo y cuidarlo como se merece, como el templo gracias a través del cual existimos y que resulta esencial cuidar.

Sería una lástima que las mujeres escribieran como los hombres
o vivieran como ellos, o se parecieran a ellos,
pues si dos sexos no bastan para abarcar la inmensidad y la variedad del mundo,
¿cómo podríamos arreglárnoslas con uno solo?

VIRGINIA WOOLF
Una habitación propia

Tradicionalmente se ha asociado al hombre con la mente, la cabeza, y a la mujer con el cuerpo y la naturaleza. Para el hombre la razón y para la mujer la sensualidad, en esta división cartesiana que nos disocia y nos aleja del ser humano integral que somos. Obviando ese error histórico, pero sin perder de vista lo mucho que hemos heredado de él, exploraremos la energía sexual femenina (es decir, la energía vital y creadora, que nos hace buscar el placer en la vida en todas sus dimensiones) en cuanto a su manifestación natural, intentando ponerle conciencia al imperativo del ideal social y a la castración impuesta a través de la construcción de la feminidad inventada por el patriarcado.

No puedes hacer lo que quieras hasta que sabes lo que estás haciendo

MOSHÉ FELDENKRAIS

Nuestra coraza caracterial (patrón de personalidad que se manifiesta en nuestros comportamientos automáticos y en nuestras estructuras morfofisiológicas) se rige por un tipo de manifestación específica que nos impide ser conscientes de las manera que tenemos de autoengañarnos, defendernos y ocultarnos a nosotros mismos aspectos de nuestra percepción subjetiva que suponen un sesgo en nuestra forma de percibir y procesar eso a lo que comúnmente llamamos realidad y que nos impide (como no puede ser de otro modo) observarla tal y como es.

Esta coraza con la que hemos aprendido a crecer, a sobrevivir y a protegernos del daño y la falta de amor y cuidado del mundo exterior nos acarrea como contrapartida un ocultamiento de aspectos a los que somos incapaces de mirar y reconocer, manteniéndonos en un tipo de ignorancia que nos resta libertad de pensamiento y de acción, pues cuando operamos a través de estos patrones, respondemos ante ciertas situaciones con automatismos que nos hacen víctimas de nuestra propia recurrencia no consciente.

La protección que nuestro propio patrón de personalidad nos brinda, supone un cuidado natural de nuestro ego hacia el niño que fuimos. Sin embargo, en la edad adulta, este patrón de comportamiento nos impide madurar e interactuar con las realidades externas de forma autónoma, debido al condicionamiento al que nos somete esta impronta protectora.

Este taller está destinado a tomar conciencia sobre esos patrones no conscientes, hacia los mecanismos de los que se sirve nuestro propio ego, quien no quiere perder el control de nuestro autocuidado, aunque ya seamos adultos, y sea el momento de elegir por nosotros mismos cómo y cuándo protegernos.

¿Qué papel juega el género en nuestra identidad personal?

¿Quiénes somos nosotros al margen de las imposiciones, las ideologías y todos los ruidos socioculturales a los que somos sometidos desde el nacimiento?

¿Qué papel juega la cultura en aquello que somos, en lo que creemos que somos y en aquello de lo que renegamos ser?

Este taller es un espacio para la escucha individual y colectiva desde nuestra posición esencial, del propio cuerpo, las propias emociones, desde propio sentir y el dejarse ser, una defensa de la identidad individual dentro del grupo humano de individuos con identidad propia.

La comida y las emociones están intrínsecamente conectadas desde el inicio de nuestras vidas. Recibimos el primer alimento de nuestro primer vínculo más significativo. Así como nos alimentaron es como nos amamos. La relación con la comida tiene mucho que ver con cómo nos relacionamos con nuestra gestión emocional, con nosotros m ismos y con los otros. Atender a nuestra relación con la comida puede ayudarnos a entender por qué nos alimentamos como nos alimentamos, por qué amamos como amamos, cómo nos amaron, cómo nos enseñaron a amar y cómo gestionamos nuestras emociones y los conflictos emocionales.