Estoy convencida de que la sintaxis, el ritmo,
la elección de las palabras, se corresponden con algo muy profundo,
donde se combinan las huellas de los aprendizajes múltiples.

ANNIE ERNAUX

Resulta de interés para todo escritor, redactor o persona interesada en la comunicación escrita, manejar de forma especializada la herramienta de trabajo con la que se expresa: el lenguaje.

La mayoría (por no decir la totalidad) de los alumnos que acuden a los talleres de escritura cometen faltas de acentuación básicas, errores de expresión léxica, malos usos de las irregularidades del lenguaje y, especialmente importante en el ámbito literario, fallos en la puntuación que, además de ser crucial para la comprensión de los textos, es uno de los medios expresivos de la literatura junto con las figuras retóricas, el ritmo y otros elementos constitutivos del lenguaje que en la expresión artística se emplean de una manera especial.

Decía Wittgenstein que los signos de puntuación deberían considerarse como una palabra más, como objetos, incluso: mesas, sillas, libros.

Existen varios y buenos manuales de ortotipografía y estilo que pueden paliar nuestros errores y enseñarnos las normas ortográficas necesarias para nuestra labor. Sin embargo, las reglas literarias no se corresponden exactamente con la norma oficial, pues el artista conoce la norma académica de la que después dispondrá para generar sus propios modos expresivos.

Por lo tanto, es esencial el conocimiento de la norma ortográfica, en primer lugar para que los hablantes de la lengua utilicen las convenciones para una comunicación eficaz (sin ambigüedades, interpretaciones erróneas, etc.), y en segundo lugar para para disponer de la libertad técnica y expresiva necesaria que requiere el dominio de una herramienta, como lo haría el músico con su instrumento, el pintor con los colores, el arquitecto con las propiedades de los materiales de construcción, el bailarín y el deportista con su propiocepción corporal, y así un largo etcétera.

En el taller de corrección aprenderemos a detectar los fallos en nuestros propios textos, adquiriremos un conocimiento profundo de las normas del lenguaje para disponer de él en favor de nuestra capacidad comunicativa y expresiva, entenderemos cuál es la labor de un corrector editorial, lo que facilitará nuestra comunicación y colaboración técnica en el proceso de publicación de nuestros textos, al tiempo que aprenderemos de los grandes maestros de la literatura en la manipulación estética de estos elementos lingüísticos, obteniendo como resultado lo que se requiere de un artista hacia su herramienta: dominio y, por tanto, capacidad de innovación.