La experiencia es uno de los ingredientes básicos de la escritura, por no decir de toda producción artística, incluida la propia vida. Es desde la experiencia que percibimos el mundo, que interpretamos y que proyectamos el futuro.
Estamos ante un periodo en el que lo propio, el self[ie], las literaturas del yo, las autonarraciones y un largo etcétera de inspiración similar están en auge. Tiempo de las odas al espejo y el narcisismo con nuestros ombligos más atendidos que nunca.
Lejos de criticar o huir de la tendencia de los tiempos, el taller de autobiográfica atiende con especial cuidado a la memoria, a eso que también la tecnología amenaza con arrebatarnos. Un mimo a los recuerdos, a la atención de lo que somos y fuimos, a lo que se nos quedó grabado y a lo que quiere ser develado, a lo que pugna por salir del interior de nuestra narrativa personal.


